Simple Things / No Words

Transformar en palabras lo vivido.

Describir el silencio de los despertares australianos. Encontrar el adjetivo adecuado para hablar de la sensación que me recorre al surfear las olas en la Great Ocean Road. Hablar de la belleza de la bahía de Sydney o del desierto. Convertir en palabras la sorpresa en la primera excursión al rainforest, la alegría al divisar una ballena en el infinito, el aroma del capuccino en los cafés de Brunswick en Melbourne.

¿Cómo se logra escribir el espectacular cantar de los Magpies en los bosques de eucaliptus o en tu ventana por la mañana?

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Un buen amigo me contó hace un par de días que leyó en un libro que los pájaros en Australia cantan con más vigor porque las flores de este lugar tienen un polen más dulce, con más azúcar. Tiene su lógica.

A mi esta idea me hizo pensar en la intensidad de este lugar. Una isla gigante dónde es fácil pensar que el tronco en el que reposas nunca antes ha sido tocado por nadie. Un país rojo por dentro, donde la naturaleza parece intacta por milenios. Un paisaje dónde la huella humana ha tenido un impacto relativo si lo comparamos con la vieja Europa. Fauna abundante en sus selvas, aguas, bosques y desierto.

Desperté una mañana en el desierto y decidí andar en la nada dirección al Uluru. Un buen rato después, un ataque de lucidez me hizo repensar la idea de andar indefinidamente en el paisaje árido, y fue entonces cuando pensé que quizás esa arena en la que reposaban mis pies nunca antes había sido pisada, que los pinchos de las plantas que marcaban mi piel lo hacían por primera vez en un milenio, que el sonido de mis pasos transformaba la melodía que suena ahí desde siempre.

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En fin. Ahora que se acerca el final de este episodio de mi historia en Australia, parece buen momento para reflexionar, para cerrar. Porque cerrar etapas se convierte en un imprescindible para poder abrir nuevas puertas, para que el pasado nunca parezca incompleto, para que los pasos que vienen no tengan la tentación de andar en la dirección opuesta.

Viajar va más allá de los aviones que tomamos, de los nuevos idiomas, los productos desconocidos en el supermercado, de una nueva moneda con la que nos cuesta echar cuentas de cuanto cuesta la manzana que compramos.

Ahora que me marcho te doy las gracias a ti, Australia, por las lecciones ofrecidas, por las personas que han dejado huella, por los delfines que saltaron a mi lado y las sorpresas que me has regalado.

Nunca sabemos dónde nos llevará la vida, pero si estás pensando en dar un paso hacia este lado del mundo, la experiencia está asegurada. Con dificultades para encontrar palabras para expresarlo, I just can say #LetsGoAustralia.

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Texto y Fotos by Marc Vila

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